El legado de José Antonio "Potro" Farías
La escena artística y cultural de nuestro país ha perdido a una de sus mentes creativas más discretas, pero profundamente influyentes.
La semana pasada, a la edad de 69 años, falleció el destacado compositor, arreglista y productor musical regiomontano José Antonio "Potro" Farías.
El deceso ocurrió de manera apacible en su residencia, donde pasó sus últimos instantes rodeado del afecto de su círculo familiar más cercano, tras haber lidiado con un adverso cuadro de enfisema pulmonar durante los últimos ocho años.
Farías, miembro de una dinastía estrechamente ligada a la vida pública y cultural del estado, hijo del exgobernador Luis M. Farías y hermano del reconocido productor internacional Gustavo Farías, esculpió una trayectoria propia que marcó el compás de la memoria colectiva mexicana durante más de tres décadas.
Un adiós en la calidez del hogar
El retiro de los escenarios y de los estudios comerciales que el "Potro" emprendió hace poco más de una década no fue casual; respondió tanto a una transformación en las dinámicas de la industria como a su firme convicción de priorizar su bienestar y el tiempo con los suyos.
Su partida se suscitó de forma repentina tras una complicación en sus niveles de oxigenación. Cumpliendo su voluntad expresa, el creador musical estuvo cobijado en todo momento por su esposa, Amelia Marroquín, y sus tres hijos: Sebastián, Regina y Marcelo, partiendo en un entorno de absoluta paz y serenidad.
La banda sonora del melodrama mexicano
A pesar de mantener un perfil alejado de los reflectores mediáticos, el impacto de su obra es monumental. Durante los años dorados de la producción televisiva en México, Farías se convirtió en una pieza clave para la musicalización incidental y la creación de temas para las telenovelas más icónicas de Televisa.
Su destreza para traducir las emociones, el drama y el romance en notas musicales quedó inmortalizada en producciones de alcance global como Viviana (1978), Rosa Salvaje (1987), Carrusel (1989), Esmeralda (1997), La Usurpadora (1998) y Fuego en la Sangre (2008).
Asimismo, su talento como compositor trascendió la pantalla chica al colaborar con las voces más respetadas de la balada en español.
Una de sus aportaciones más recordadas en la música popular fue el tema "Una noche de amor" (1981), una fina pieza grabada por José José que se integró al catálogo de éxitos del "Príncipe de la Canción".
Identidad y arraigo en la comunidad regiomontana
El legado de José Antonio Farías no solo se limitó a los hogares a través de la televisión, sino que echó profundas raíces en el orgullo de su tierra natal.
El compositor fue el autor intelectual y musical del Himno Oficial de los Sultanes de Monterrey, una obra que desde hace años resuena con fuerza en el graderío del Estadio Mobil Super y que se ha consolidado como un elemento indispensable de la identidad de la afición de los "Fantasmas Grises".
Ante la noticia de su partida, la directiva del Club de Beisbol Sultanes fue una de las primeras instituciones en manifestar sus condolencias públicas, reconociendo la trascendencia de su obra para el misticismo del equipo regio.
Los servicios funerarios se llevaron a cabo de manera íntima en las Capillas Marianas del municipio de San Pedro Garza García.
Con su partida, se apaga una de las partituras más prolíficas del talento regiomontano, pero sus melodías permanecerán suspendidas en el tiempo cada vez que se evoque un clásico de la pantalla o se entone el canto de la afición local.
Descanse en paz.
